martes, 18 de octubre de 2011

Hoy tengo un día

Alguien me dijo una vez que no había que pasar ni un solo día sin leer al menos un poema. De esta manera, desde Impresiones queremos ser fieles a esa idea. Hemos pensado ir compartiendo el material a medida que lo vayamos creando. Se trata de un poema que aún no tiene título. 

Para ilustrarlo, esta vez hemos tirado del maestro Vincent VanGogh en un autorretrato poco representado, pero que podría encajar perfectamente con el espíritu del poema. 


Hoy tengo un día
donde mataría por versos libres
dispuestos a acompañarme en el viaje que emprendo,
pero estoy solo, apartado y rodeado de multitud,
acodado en el bar imaginario de siempre
pidiendo otra copa de lo mismo
donde se reflejan en los cristales
todas aquellas ausencias
que tanto extraño.

Me siento cansado,
teñido de rojo con matices grisáceos,
de aroma invisible aunque agradable,
con sabor a canción olvidada
que ya ni silbas ni tarareas.
Estoy plegado entre mis pliegues, acurrucado,
oculto de la musa muerte
que me tienta, que me despierta,
que me propone salir en una fuga conjunta.

Echo de menos
las hojas sueltas de papel
donde mis manos se ofrecían acercarte
a esa intimidad desnuda
y sin maquillaje
que hay detrás de mí.
No sé por qué las echo de menos,
pero allá, con ellas,
sé que no puedo volver.

Padezco las consecuencias
de mis últimas batallas que perdimos.
Las equivocaciones sobresalen en el horizonte
y marcan la distancia con ingrata precisión.
Reconozco que hoy he estado al borde de los abismos,
del incumplimiento de libertad vigilada
y que he agarrado el teléfono como el alcohólico
busca con desesperación una botella o un bar abierto,
y que he vuelto allí a dar cuenta de mis pecados.

Solo me ha salvado recordar lo dolorosamente obvio,
que existe una herida abierta entre nosotros.
Esta vez no he tenido que avergonzarme
por sentir cómo siento lo que siento,
esta vez he matado al niño irresponsable
que deseaba cambiar besos por palabras,
antes de que fuera,
como otras veces,
demasiado tarde.

Hoy tengo un día
donde descubro que puedo vivir
con las cicatrices que la vida me tatúa en la piel.
Que sigo aquí, que no es poco,
dispuesto a colocar mis fichas
otra vez en el tablero.
Hoy tengo un día
que he logrado que al final del poema,
fuera un buen día.

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